Terminal Sud (Terminal Sur), de Rabah Ameur-Zaïmeche: La barbaridad ha vuelto

El sexto largometraje de Rabah Ameur-Zaïmeche, que se estrenó en las salas francesas el 20 de noviembre de 2019, evoca el aumento de las opresiones policiales. Una película oscura pero fascinante.

El momento es grave. Violencias están en acción, llevadas a cabo por fuerzas que no dicen su nombre. Ciertamente, hubo los soviéticos con los dientes largos, la década negra en Argelia, los naufragios libios y sirios. Todavía hay terrorismo en el Sahel, la represión de pueblos se levanta por todas partes. Pero también en Francia el caso Benalla, las violencias policiales, las discriminaciones, las estigmatizaciones y los resabios del pensamiento colonial…

Es este momento el que capta Rabah Ameur-Zaïmèche, en el que se mezclan lo anterior y lo actual. Un momento que encuentra su fuente en lo anterior pero que ahora se impone de nuevo, un terrible tartamudeo de la Historia. Un lapso momentáneo en el miedo. Un momento de agotamiento ante el aumento e intensificación de la represión. Roban a los pasajeros de un autobús, asesinan a un periodista, amenazan a un médico, su mujer no puede más… ¿Quiénes son esos policías encapuchados que controlan mañana y tarde, arrestan, torturan? ¿Para qué poder actúan? ¿Por qué esta opresión? ¿Cómo hemos llegado a esto?

No obtendremos las respuestas. Terminal Sud es ingrávida, los puntos de referencia son deliberadamente borrosos. Aún evocando a Argelia y Francia, ni los lugares ni las fechas corresponden a hechos históricos precisos. Estamos viajando por el Mediterráneo. Sin embargo, las situaciones son conocidas porque son lo que los hombres y mujeres han experimentado o siguen experimentando en todo el mundo, lo que nos espera a todos si no tenemos cuidado. Esta indeterminación hace de Terminal Sud una película de alerta.

 

En este gran caos, la violencia es física y psíquica. Este médico humanista, que encarna con gran presencia Ramzy Bedia, se enfrenta todo el día a los fallos de cuerpos que causan las amenazas y las agresiones. Agotado, pero continuando hasta el final de su servicio en el hospital, es un hombre despellejado vivo. Lo sospechan porque trata e intenta indiscriminadamente salvar vidas, hasta que él también se encuentra en el banquillo de los acusados, y luego se enfrenta al dilema de la violencia para salvar su propio pellejo.

La película se convierte entonces en línea de fuga, un punto de no retorno, como en Inland de Tariq Teguia. Porque ante la violencia del Estado, cuando la resistencia ya no es posible, ¿qué puede hacer el individuo sino desvanecerse, buscar la alternativa? Terminal Sud termina en la soledad pero el doctor no ha dicho su última palabra. En otros lugares, al otro lado del mar, podrá establecer o renovar los lazos, o hasta encontrar a su esposa, que está tan ausente en esta película… Porque Terminal Sud está centrada en un hombre, en una empatía muy sensible. Las mujeres son discretas, pero no secundarias, periodistas o cantando esas hermosas canciones de cuna suecas después del funeral y en los créditos finales.

Un amigo también canta, con voz incierta, ayudado por las mujeres, un extracto de la ópera Los pescadores de perlas de Bizet. No sabremos mucho sobre Moh a quien Slimane Dazi le da su sutil inmanencia, excepto entender que conoce los circuitos, que tiene conexiones. El doctor bromea con él después del mercado, mientras los basureros hacen su trabajo. Aquí también, esta pureza y espontaneidad hacen la belleza del cine de Rabah Ameur-Zaïmèche. La situación está planteada, pero lo que importa es lo que sucede. Ahí es donde reside la emoción.

En todas sus películas, la naturaleza trae tanto su permanencia como su sustancia. Aquí habrá flamencos rosas, caballos, paisajes, perlas de rocío. La vida sigue su camino, pero los hombres libran absurdas batallas que pervierten a los seres y generan dolor y muerte. El claroscuro de Irina Lubtchansky (hija del gran William y fiel jefe operadora de Rabah Ameur-Zaïmeche, pero también de Arnaud Desplechin) refuerzan este fabulista. El alargamiento de la distancia focal penetra los seres.

 

Esta ciencia de marco, la iluminación, la duración, la inmediatez y la adecuación entre el sujeto y la imagen son la base de la fascinación de Terminal Sud. El hecho de que, por primera vez, Rabah Ameur-Zaïmeche no actúe en su película, sigue abriendo la perspectiva humana, afirmando la ficción, es decir, el pensamiento de la realidad. No tiene nada de intelectual, al contrario, esta película despliega sensaciones. Y así nos lleva a percibir con nueva agudeza cómo nuestro mundo está una vez más amenazado por las fuerzas oscuras.

traducción : Marie Picaud

Author: Olivier Barlet

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